Ana Pemán opina: "La Navidad y los Kilos"

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Se acercan las fechas más señaladas del año. Fechas en las que se juntan todos los factores necesarios para dar lugar a un desorden alimentario como no lo hay igual. Se nos juntan reencuentros, familia, emotividad, tradición y alcohol, un cocktail explosivo del que nos costará recuperarnos todo el mes de enero (en el mejor de los casos).

Y es que por mucho que rechacemos invitaciones, nos hagamos los despistados e intentemos comportarnos, la tradición manda y al menos tendremos que asistir a la comida del trabajo, a la zambomba benéfica de turno, a la cena de reecuentro de los que vienen de fuera y que nunca coincide con la comida de los de siempre… y por supuesto Noche Buena, Navidad, fin de año y roscón de reyes.

Y que decir de “los pestiños de mi suegra”, la cesta de navidad, los turrones, mantecados, amarguillos, nevaditos, roscos de vino, roscos de Arcos…y el anís, el cava, el pacharán, el oloroso y el amontillado… ¿¡quien nos manda nacer en esta tierra!?

No hay truco o remedio que arregle la esencia de la Navidad. Expresamos muestro cariño con exquisita comida y buen vino, hacerlo de otra manera sería casi una ofensa, un desprecio. Está complicado ésto de no engordar en Navidad pero al menos vamos a intentar no ponerlo más difícil.

Un buena medida a tomar es no dejar los dulces a mano. La fuerza de voluntad no es infinita y es agotador estar viendo los dulces constantemente y no picar.

Saquémoslos sólo en el postre, o cuando venga una vistita. Se ofrecen, se dejan en la mesa mientras alguien este comiendo y después se retiran. Hacer sobremesa con los dulces presentes es sinónimo de exceso y digestión pesada.

Otra recomendación: comenzar siempre la comida con un buen consomé casero. Si esta bien desgrasado no aporta calorías, sacia y mejora la digestión, ¿qué más se puede pedir?

El ejercicio no puede faltar. Un buen paseo diario, antes de las grandes comidas y si se puede, también después, mantendrá altos los niveles de endorfinas y nos sentiremos satisfechos con menos comida y el tránsito intestinal también nos lo agradecerá.

Cocinar cantidades justas, y no demasiada variedad. Si hay algo que satura es tener que estar comiendo pavo, croquetas de pavo, canelones de pavo, ropa vieja de pavo, sopa de pavo… hasta Semana Santa.  Cocinar lo justo y suficiente para comer ese día, sin más. No tiene sentido estar cocinando tres días para una sola cena y pasarte comiendo restos durante semanas. Ten en cuenta que además los invitados suelen traer también comida o postres.

Optar por materias primas de calidad, sin grades elaboraciones: buen pescado, buena carne y buen marisco. Evitar los aperitivos demasiado grasos o con mucho pan: Un buen jamón, un dip con verduras crudas, unos mejillones, … Sencillez y calidad. Vuestros invitados os lo agradecerán.

Por último ser mesurados y estar relajados ante la comida. La ansiedad y el estrés no son buenos compañeros.

Termino con un verso de José María Pemán y deseándoos a todos una Feliz Navidad y mucha salud para este nuevo año que comienza.

Beber es todo medida:

alegrar el corazón,

y sin perder la razón,

darle razón a la vida.